Importancia de la Salud Mental en Tiempos de Pandemia

En este tiempo de confinamiento se escucha a menudo hablar de salud mental. De su importancia, de su apremiante necesidad, pero ¿tenemos claro qué representa en realidad la salud mental? Las actuales circunstancias hacen meritoria una explicación al respecto.

La salud mental es definida por la Organización Mundial de la Salud (2005), como “un estado completo de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad”. En este sentido, un estado completo de bienestar nos lleva a pensar en equilibrio. Los seres humanos nos movemos en diferentes ámbitos en nuestra vida cotidiana: laboral, familiar, escolar, espiritual, (por nombrar algunos), a través de los cuales desempeñamos un rol. De la manera en que consigamos desempeñar estos roles con autonomía, cumplamos nuestras expectativas y sintamos que contribuimos con la sociedad, logramos un equilibrio y por tanto gozamos de salud mental. Por consiguiente, cualquier desequilibrio en alguno de estos ámbitos nos lleva a entender que nuestra  salud mental está en riesgo, sin que ello implique un trastorno mayor.

La pandemia que afrontamos hoy en día ha puesto de manifiesto la importancia que tiene la salud mental en la vida de los seres humanos, dado que nos lleva de manera obligatoria a hacer cambios que implican la pérdida de autonomía y en consecuencia a un desequilibrio inminente. 

Tener miedo se ha convertido en una constante frente a la incertidumbre. La falta de control y de autonomía agudiza los pensamientos negativos lo cual es normal en esta situación. Es importante tener en cuenta que el miedo es una conducta adaptativa que nos pone en alerta frente a alguna situación de peligro para reaccionar a tiempo.  No obstante, es importante saber manejar estas emociones de manera que no controlen nuestro comportamiento y genere afectaciones mayores. 

La situación de confinamiento es más llevadera para algunas personas que para otras dependiendo de sus creencias, de su historia y de su actitud frente a la vida. Si están solas o acompañadas y de los recursos económicos y tecnológicos con que cuenten. Sin embargo hay una capacidad común a todos que puede ayudarnos a hacerle frente, se trata de la inteligencia emocional. 

Este término trabajado por el psicólogo Daniel Goleman se refiere a la capacidad de entender, controlar y modificar las emociones propias.  También se relaciona con la empatía, entendida como la capacidad de comprender al otro, incluyendo sus estados emocionales.

Todas las emociones que experimentamos son consecuencia de un pensamiento. Si bien es fácil que los pensamientos negativos nos invadan al ver la situación en los medios de comunicación, debemos tener la autonomía de entender que si bien hay factores que no podemos controlar, hay otros que sí y desde esta perspectiva debemos pensar, sentir y actuar.

No podemos controlar el comportamiento de los demás, (si toman distancia, si se confinan, si desabastecen). No podemos controlar qué va a pasar, cuánto durará el confinamiento, pero sí podemos ser autónomos y controlar las medidas que tomamos, las actividades que realizamos, si decidimos tomar este espacio como una oportunidad de hacer cosas que teníamos pendientes, de aprender cosas nuevas, de acercarnos a los que amamos, de acercarnos a nosotros mismos, de cuidarnos, de lograr los objetivos que teníamos guardados por falta de tiempo.  Podemos controlar ser pacientes y limitar la información que consumimos. 

Podemos controlar cómo alimentamos nuestra mente. De nuestros pensamientos dependen nuestras emociones y de ellas nuestro actuar.  Por tanto elegir la información que consumimos y verla como un alimento para nuestro cerebro es primordial para nuestra salud mental.  Si bien hay que estar informado, todo tiene una justa medida tomando lo importante sin que nuestro enfoque se quede allí. Recordemos que nuestra atención es limitada, de manera que debemos elegir hacia donde la enfocamos, si a la tragedia o a la oportunidad.  

El miedo sirve para protegernos, para hacernos conscientes de los cuidados que debemos tener pero no debemos dejar que esté presente todo el tiempo ni que nos lleve al pánico. 

Es normal que durante el día experimentemos malestar emocional. Las emociones son transitorias, al ser conscientes de esto podemos poner en marcha estrategias para regularlas como las siguientes:

  1. Nombra la emoción: Al detenernos a analizar lo que estamos sintiendo empezamos a canalizar la emoción. En el momento de sentirnos abrumados preguntémonos cuál emoción nos transita: miedo, ira, tristeza, (puede ser una mezcla de todas o algunas). 

Cuando identifiquemos la emoción analicemos cuál fue el pensamiento que nos llevó a sentirnos así y de dónde provino ese pensamiento. Tal vez una noticia que vi en televisión, la música que estoy escuchando que me trajo recuerdos tristes, etc.

Al identificar la causa busca la forma de contrarrestarla.Por ejemplo si fue una noticia que vi, elegir no abrumarme más con ese tipo de noticias, pensar de qué manera contribuyo al cuidado de mi salud y la de los seres que amo.

  1. Expresión de emociones: En el proceso de canalización de emociones es muy importante expresarlas sin temor, sin culpa y sin autocrítica.  Está bien sentirse solo, sentirse vulnerable y dejar que el cuerpo se exprese a través del llanto, por ejemplo. Está bien dejar salir nuestras emociones para que sigan su tránsito pero sin permitir que tomen el control, siendo conscientes de nuestros recursos para compensarlas.
  2. Conciencia de nuestras fortalezas: Todos tenemos recursos que podemos poner en práctica en este tiempo y que podemos ofrecer a los demás, desde nuestros conocimientos y habilidades hasta la capacidad de escuchar y dar una palabra de aliento. 

Victor Frank, Neurólogo, psiquiatra y creador de la logoterapia, en su libro “El Hombre en Busca de Sentido”, muestra cómo la capacidad de resiliencia de los seres humanos ante situaciones completamente adversas puede salir a flote de manera extraordinaria. No sufrimos por la acción de otra persona o de una situación, sino por lo que sentimos y pensamos, es decir por la interpretación que hacemos sobre esa realidad. No es una situación fácil la que estamos viviendo pero depende de nosotros tener el control de nuestros pensamientos y emociones para estar regulados.   

Recordemos que no podemos controlar la situación de pandemia, pero sí podemos controlar como pensamos, sentimos y actuamos al respecto. 

Te invito a que te respondas las siguientes preguntas:

  1. ¿Por qué estoy agradecido hoy?
  2. ¿Cómo puedo sacarle mayor provecho a mi día?
  3. ¿Cómo puedo aportar a los demás en este momento desde mis recursos?

Organiza tu día involucrando actividades laborales, familiares y personales. Ocupando y alimentando la mente con elementos enriquecedores en un horario establecido, te ayudará a mantenerte ocupado, sentirte útil y al final del día tener la satisfacción de los logros obtenidos. 

Expresa tus emociones sabiendo que son transitorias, entendiéndolas y dejando que sigan su curso. Contrarresta los pensamientos negativos a través de los recursos con que cuentas concentrándote en lo que  sí puedes hacer y realizando actividades saludables.

Finalmente por supuesto no está de más pedir ayuda en el momento en que la situación sobrepase tus propias capacidades.

 “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de sus libertades humanas, la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino” Victor Frank.

¡Cuida tu mente, vive plenamente!

 

Jennifer Méndez Romero

Psicóloga Unicoc

 

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